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El romanticismo: Bécquer y Larra - IONITESCU ELENA

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ÉPOCA:
El liberalismo moderado: 1836, año en el que nace Bécquer, es también el año del motín de la Granja. Un grupo de sargentos progresistas impone a la reina regente María Cristina la constitución de 1812. Este hecho es la culminación de varios levantamientos en varias ciudades, es significativo de lo que será la situación política durante todo el siglo: el conflicto permanente entre lo que serán las dos ramas del liberalismo, la moderada y la progresista.

Este conflicto sucede al que, desde la guerra de la Independencia, enfrenta a liberales (Partidarios de una constitución que reconozca los principios de la soberanía nacional y consagra las libertades) con los del bando absolutista (defensores del poder absoluto de la monarquía, y de la alianza de la corona con la iglesia). En el año 1836 el liberalismo a triunfado, aunque los absolutistas continúen oponiéndose a él. La forma más violenta de esta oposición la representa el carlismo. Faltan, en 1836, tres años para que la primera de las cuatro guerras carlistas, que ensangrentarán el país, acabe, con el convenio de la Vergara.

La era isabelina: La regencia progresista del general Espartero suceden los moderados. La revolución de 1854 inaugura un bienio progresista y, desde 1856 y hasta 1868, se alternan los progresistas y la centrista <<Unión liberal>> de O´donell. Es la era de Isabel II, que ha subido al trono en el 1844, los años de la moderación, los de la Constitución de 1845 con sus restricciones al sufragio y la soberanía nacional; los años en los que vive y escribe Bécquer.
El enfrentamiento absolutismo-liberalismo es la expresión de un problema más profundo: La crisis del antiguo régimen y el advenimiento de una nueva sociedad, burguesa e industrial.

Una economía basada en la agricultura, una sociedad rural, una cultura tradicionalista y religiosa, van ha ser sustituidas por una sociedad que se hace tímidamente urbana, financiera e industrial; la máquina de vapor y el ferrocarril cambian el horizonte económico y social; las antiguas creencias se adaptan a los nuevos intereses. Nuevos sectores sociales se crean y en los estamentos dirigentes algo cambia: la iglesia pierde gran parte de su poder económico y la aristocracia lo consolida enriqueciéndose con la compra de las propiedades eclesiásticas, a partir de la Desamortización de Mendizábal.


LITERATURA:
El romanticismo: la década que va de 1830 a 1840 había sido, en España, la del triunfo del romanticismo. Mucho más que un movimiento literario o artístico, éste había supuesto una nueva manera de ver el mundo, en el momento en el que toda Europa, le revolución política y liberal y la revolución industrial hacen desaparecer el antiguo régimen.

De ver el mundo como algo estático y ordenado, inteligible por la razón, se pasa a concebir como una realidad en movimiento y misteriosa, en la que hay que sumergirse para conocerla. La razón sólo es considerada como una parte más de lo humano, que ignora precisamente lo más individual y lo más verdadero: el sentimiento y la imaginación. El hombre universal (una idea del ser humano que trasciende las diferencias personales, sociales y nacionales) va a ser desplazado por el yo concreto, igual que la idea de una humanidad genérica lo será por la del pueblo.

La literatura romántica: La estética y la temática del romanticismo giran en torna a estos dos conceptos: Individualismo y subjetivismo y exaltación de la libertad, que se pueden desarrollar en una serie de aspectos:

1.El romántico lucha a favor de la libre expresión de su sentimiento.
2.Los temas predominantes son: la frustración del yo, del amor y de los sentimientos de tristeza, soledad, nostalgia, melancolía y desesperación.
3.La visión de la realidad a través de la subjetividad y la aceptación o rechazo de la misma según la resonancia que tenga su intimidad.
4.La visión dramática y sentimental de la naturaleza. Manifiesta un profundo y rico sentimiento del paisaje, pero este se representa a sus ojos en cohesión con su estado de ánimo.
5.La actitud de rebeldía.
a)Ante la sociedad mediocre e insensible, porque no valora ni comprende. Pone como protagonistas de sus obras a los personajes más mediocres de la sociedad ( el verdugo, el mendigo, el reo de muerta, el pirata, Espronceda.).
b)Ante la muerte o ante el mismo Dios.
6.El romántico se mueve incómodamente en la realidad, porque le resulta estrecha, el mundo sórdido y el vivir la produce hastío, por lo que se evade.
a)En el tiempo: se traslada a los tiempos de la edad media.
b)En el espacio: se traslada a lugares exóticos, como a oriente.
c)Más allá de sí mismo.
7.Mezcla en una misma obra prosa y verso.

La concepción del arte y de la literatura cambiará radicalmente: una obra artística ya no es, como hasta el S. XVIII, un objeto hermoso, bien construido, sujeto a ciertas reglas, conseguido tras la paciente búsqueda de un lenguaje. Por el contrario, el arte es algo espiritual, algo que está más en quien crea que en el objeto creado; y hay un cierta desvalorización del lenguaje. El romanticismo creó un lenguaje propio, una manera de escribir o pintar, en el que triunfó el yo, la imaginación, los sentimientos…

Durante el romanticismo se renuncia a la perfección y se crea un lenguaje nuevo que rompe todas las reglas y modelos hasta entonces vigentes. No fue sólo reflejado en la literatura y en el arte si no que influyó definitivamente en la evolución de olas costumbres de la sociedad vigente.

El fin del romanticismo: A mediados de siglo comienza un cambio en el gusto dominante tan arraigadas durante la primera mitad del siglo. Comienza un periodo en el que la literatura se muestra tímidamente realista, tratando de mirar y describir con objetividad la realidad exterior. Muchos de los tópicos románticos (ruinas, noche, suicidio, locura, …) comienzan a ser diana de una crítica literatura satírica. En España, en 1854 el joven escritor Valera constata el fin del movimiento.

Quedaba del romanticismo el gusto por lo concreto y la valoración del sentimiento, pero si pretender borrar el mundo, olvidar le presente. De hecho, estos dos tópicos con sus conflictos sociales y políticos serán la materia prima de la nueva literatura realista. A la rebelión contra el mundo, que supuso el romanticismo, le sigue una captación reflexiva del mismo.
GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER:(1836-1870), poeta español. Es una de las figuras más importantes del romanticismo y sus Rimas supusieron el punto de partida de la poesía moderna española.

VIDA
Nació en Sevilla, hijo de un pintor y hermano de otro, Valeriano. También él mismo practicó la pintura, pero, después de quedarse huérfano y trasladarse a Madrid, en 1854, la abandonó para dedicarse exclusivamente a la literatura. No logró tener éxito y vivió en la pobreza, colaborando en periódicos de poca categoría. Posteriormente escribió en otros más importantes, donde publicó crónicas sociales, algunas de sus Leyendas y los ensayos costumbristas Cartas desde mi celda. Obtuvo un cargo muy bien pagado, en 1864, de censor oficial de novelas. Hacia 1867 escribió sus famosas Rimas y las preparaba para su publicación, pero con la Revolución de 1868 se perdió el manuscrito y el poeta tuvo que preparar otro, en parte de memoria. Su matrimonio, con la hija de un médico, le dio tres hijos, pero se deshizo en 1868. Bécquer, que desde 1858 estaba aquejado de una grave enfermedad, probablemente tuberculosa o venérea, se trasladó a Toledo, a casa de su hermano Valeriano. Éste murió en septiembre de 1870 y el poeta el 22 de diciembre, a los treinta y cuatro años.

LAS LEYENDAS
Un acento poético semejante y una calidad artística nada inferior, tienen las Leyendas, título con el que se agrupan todas las narraciones en prosa de Bécquer. Se publicaron originalmente en periódicos, entre 1861 y 1863, por lo que se supone que su composición fue anterior a la mayor parte de las Rimas. Son veintidós y están escritas con un estilo vaporoso, delicado y rítmico, donde abundan las descripciones, las imágenes y las sensaciones. Revelan un aspecto importante del romanticismo literario de su autor al mostrar un interés artístico y arqueológico por la edad media, con sus templos y claustros románicos o góticos, campos sombríos y calles tenebrosas, palacios y castillos. Predomina en ellas un espíritu donde se impone lo misterioso, lo sobrenatural y mágico con historias de raíz popular en muchas ocasiones, en las que la búsqueda de lo inalcanzable suele ser su argumento central.

"El monte de las ánimas", "Maese Pérez el organista" y "El rayo de luna", tres de la s leyendas de Bécquer más conocidas, son particularmente significativas de las ideas y sentimientos que aparecen en el fondo de las restantes, así como de una manera de contar.

En El monte de las ánimas Alonso, un joven enamorado, accede a la petición de su amada, Beatriz, que le pide que valla al monte de las ánimas a recoger su banda azul, que ha dejado allí abandonada. Es tan grande el amor de Alonso que accede a ir a pesar de que se cuenta que en la noche de los difuntos las almas en pena salen en el monte de las ánimas, y que puede ser devorado por los lobos. Tras una noche intranquila en la que Beatriz oye ruidos y en la que el terror se apoderó de ella al día siguiente despierta y encuentra su banda en la habitación pese a que Alonso había sido encontrado muerto devorado por los lobos, y muere. Desde entonces el día de los difuntos en espectro de mujer da vueltas con horror a la tumba de Alonso.

En la siguiente leyenda, Maese Pérez el organista, no se trata el tema del amor, pero si de lo sobrenatural. Maese Pérez acude la misa de gallo a tocar el órgano en un muy mal estado, y muere tras una magistral interpretación. Al año siguiente nadie quiere tocar el órgano en honor al gran organista, pero un mal músico se atreve a desafiar a todo el mundo, y contra todo pronostico, su intervención es magnífica. Un año mas tarde la iglesia estaba prácticamente vacía, pues todo el mundo había acudido a la catedral a escuchar al otro músico, y es la hija de Maese Pérez quien va a tocar el órgano, cuando para sorpresa de todos ven que el órgano está tocando solo.

La última de las leyendas El rayo de luna trata a cerca de un gran Señor, que es también un gran soñador. Un día cuando está mirando la luna, le parece ver a una mujer, de la que queda prendado, y a la cual decide seguir. La persigue por todo el bosque y por toda la ciudad sin éxito hasta que llega a una casa en la que cree que está, pero la luz que ve es simplemente la luz de un Señor enfermo. Al cabo de algunos meses, la vuelve a ver, y tras seguirla que da cuenta de que no era más que un rayo de luna.

Temas: Dos temas principales aparecen las leyendas: la fuerza del amor y la presencia de lo sobrenatural. En El monte de las ánimas, la fuerza del amor lleva a Alonso a la muerte; en El rayo de luna, el amor, como la mujer que los encarna, resultan ser irreales, sueños, capaces con todo de provocar locura.

Los espectros salen a la luz la noche de los difuntos y la banda azul de Beatriz aparece misteriosamente en su habitación; el órgano de Maese Pérez, que conoció la santidad y el genio de su amo toca sólo.
Ambos temas guardan relación entre sí: expresan la insuficiencia de la razón para comprender el mundo. La razón no puede dominar la pasión de Alonso ni que Manrique renuncie a un sueño absurdo; no puede explicar los misterios de la noche de los difuntos ni que Maese Pérez regrese a tocar su viejo órgano. La realidad, sea la que habita en el interior del hombre, sean los hechos que ocurran fuera de él, no es racional.

Eso produce a veces desasosiego. Desasosiego o incredulidad: es, cuando el autor empieza a contar, hablar por hablar, contar para lograr entretener. Y sin embargo, el narrador asiente, manifiesta estar de acuerdo con Manrique o con la mujer que habla en Maese Pérez el organista. Por eso recurre Bécquer al género de las leyendas, que durante esta época alcanzó un extraordinario auge. Los escritores románticos buscan un mundo más armónico en el pasado y en un pueble que nunca existió, pero que idealizan y exaltan. Verdad es que estos temas no son originales, pero que resultan especialmente intensos por la manera de contar.
El lenguaje y estructura: Un narrador que oscila entre la distancia y la toma de partido; uno personajes claros y bien definidos; una localización espacial y temporal remota y un desenlace maravilloso, pero no inesperado, son los elementos que componen las leyendas. Y desde luego excepcionalmente formado, nuevo, este sí, en la literatura española. Analicémoslo brevemente:
En El monte de la ánimas y Maese Pérez… se inicia con la aparición de un narrador (el escritor Gustavo Adolfo Bécquer) que dice, con algo de ironía y de distancia, haber oído la tradición que va a referir. Sin embargo esa leve ironía desaparece y el narrador se entrega totalmente al relato, aceptándolo tal cual es, tal cual le ha sido contado. Esta toma de partido es evidente en El Rayo de luna.
Los protagonistas de las leyendas responden a dos modelos tipo clásicos en Bécquer: el enamorado, valiente y frágil a la vez (Manrique y Alonso) y el poeta-artista, que consigue el ideal al que aspira, como Maese Pérez, o que por el contrario no lo consigue, como Manrique. Con esa escasa o nula complejidad psicológica.
Ya hemos indicado el tiempo en que se sitúan los acontecimientos es un tiempo remoto, aludido vagamente, con trovadoras, caballeros y castillos. El espacio es la naturaleza o lo sagrado, lugares no profanados por el hombre y la razón, representan lo original.
Las leyendas de Bécquer tienen una estructura argumental característica: situaciones que se describen exhaustamente, como pequeñas escenas, y un cierto aplazamiento de los episodios fundamentales. Una atmósfera creada detenidamente, en la que lo narrativo tarda en aparecer. Como si lo importante fuese más, lo que ocurre dentro de los personajes que, que los hechos exteriores.
Tres aspectos de la prosa de b tienen especial importancia: en primer lugar, la búsqueda de un ritmo conseguido mediante enumeraciones y, frecuentemente, mediante series fijas de elementos de la misma función sintáctica; en segundo lugar, la insistencia en la descripción de imágenes plásticas y sonoras; en fi, la diversidad de registros que adopta, buena muestra de la cual es el contraste entre la lengua de la mujer y el narrador. Si este último rasgo nos recuerda a otra dimensión de l escritura de Bécquer, autor de artículos y tonos bien diversos, periodista en la suma, estos dos nos lo sitúan como creador de lo que se ha llamado poema en prosa castellana, y como precursor de una nueva sensibilidad, la que el modernismo introducirá en la prosa española.

RIMAS
Las Rimas, una colección de setenta y nueve poesías, publicadas al año siguiente con el título inicial de El libro de los gorriones, poseen una cualidad esencialmente musical y una aparente sencillez que contrasta con la sonoridad un tanto hueca del estilo de sus predecesores. Formalmente son poemas breves en versos asonantes, donde el mundo aparece como un conjunto confuso de formas invisibles y átomos silenciosos cargados de posibilidades armónicas que se materializan en visión o sonido gracias a la acción del poeta que une las formas con las ideas. Se refieren a la emoción de lo vivido, al recuerdo, a experiencias convertidas en sentimientos. También aparece el amor, el desengaño, el deseo de evasión, la desesperanza y la muerte. Su pureza y humildad, junto con su engañosa sencillez, suponen la "culminación de la poesía del sentimiento y de la fantasía", en palabras de Jorge Guillén, y como dijo Luis Cernuda: "Desempeñan en nuestra poesía moderna, un papel equivalente al de Garcilaso en nuestra poesía clásica: el de crear una nueva tradición que llega a sus descendientes."

Las 79 rimas constituyen en realidad un solo poema de amor. Bécquer no deja nunca de hablar de sí mismo, de su vida interior. Nombra a la mujer que ama, a la que un día le amó, a la que le abandonó. Todo el camino que va desde el presentimiento del amor hasta el fracaso, desde el momento en el que el amor aparece hasta en el momento de la soledad en el que no habrá más que el recuerdo, se recorre a lo largo de las rimas.
Ignoramos en que circunstancias concretas se escribieron, a que mujer o mujeres se refieren. El poeta escribe para hablas del amor, en el que no hay separaciones no limites, sino unión del individuo con la naturaleza, de las realidades con los deseos, del hombre con Dios. Pues no se trata aquí de ideas, sino de sentimientos, de imágenes y de música. Se trata más de sugerir que de decir. Aparente sencillez en el lenguaje de las rimas: Bécquer no quiere que sus poemas parezcan poéticos, sino que nombren la verdadera poesía, en la naturaleza, en le misterio, en los sentimientos, en el amor.
Estructuras de las rimas: La “música” de las rimas, el ritmo, lo toma a la vez de la tradición culta y de la popular; junto a versos de 10, 11 y 12 sílabas, versos de 5,6, 7 y8: En ocasiones una estrofa se construye con heptasílabo y endecasílabo, y otras con y otras con octosílabo, pero son los heptasílabos combinados con endecasílabo lo preferidos por Bécquer. Sólo muy excepcionalmente Bécquer recurre a estrofas clásicas. Evita l rima con sonante, y la asonancia, más leve, más ligada a la lírica popular. La sugerencia y la brevedad son esenciales en las rimas, a demás de los paralelismos, las construcciones adversativas. Además, la repetición de una estructura sintáctica acentúa en el lector una sensación de entusiasmo o de abatimiento, hace mayor el peso de la emoción. La antítesis de o las estructuras adversativas expresan una contradicción esencial en las rimas: la inspiración contra el corazón, la luz frente a la oscuridad…
Las rimas de Bécquer son en su mayoría poemas cortos, de una, dos o tres estrofas, en las que predominas las de cuatro versos combinados, en asonancia alternante en los pares, de pie quebrado. La característica más destacable en cuanto a la métrica es que tiene un carácter indiscutiblemente de poesía culta, pero que sigue los cauces de las formas líricas tradicionales en cuanto a rima y brevedad.
Particular interés tiene también el final de muchas rimas. Una explicación muy breve, una exclamación, significa saber callar a tiempo, en el momento más alto de la emoción. En otras ocasiones el final es una explicación o una frase sentenciosa, sobre las cuales, no obstante prevalece el clima emocional creado en las estrofas anteriores.

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